Un Rayo de Luz Pura

Palabras de Don Jesús de Polanco, Presidente de la Fundación Santillana, en la inauguración de la sede de Bogotá.

Con la constitución del Consejo Directivo y la Junta Directiva, nutridos por tan destacadas personalidades, inauguramos la sede bogotana de la Fundación Santillana para Iberoamérica después de haber firmado su Acta Fundacional. De este modo se pone en marcha una sólida promesa de servicio a los intereses culturales de Colombia, de Iberoamérica y de la cooperación internacional, ña y, por ende, con toda Europa.

Se cumple así un sueño largamente acariciado por quienes siempre hemos creído en las gentes de Iberoamérica y procurando dar testimonio de esa fe a través de una vida de cooperación nunca interrumpida. Tal es el caso de los fundadores, especialmente de los miembros del Consejo Directivo, en la persona de cuyo presidente, mi admirado amigo el doctor Belisario Betancur, rindo tributo de gratitud por la ilusión, el apoyo y el gran esfuerzo que en ello ha puesto desde los primeros pasos de esta iniciativa que ahora empieza a hacerse realidad. A ustedes, señores expresidentes, doctor Carlos LLeras y doctor Misael Pastrana, así como al doctor Alfonso López Michelsen hoy obligadamente ausente, gracias por su aliento, por su apoyo y por su participación desde la esclarecida visión de estadistas que les es propia.

También a los componentes de la Junta Directiva mi reconocimiento por su expresa voluntad de contribuir a esta tarea por encima de las ideologías, de las creencias y de las disciplinas profesionales de cada cual para que, junto con los demás colegas de otros países iberoamericanos, acertemos en la formulación de respuestas concretas a los desafíos de nuestro tiempo.

Aquí y ahora, en Colombia – en el epicentro de esa Iberoamérica gigante que ha de cumplir la ineludible misión universal que le está reservada al servicio de la paz, del progreso y de la justicia – responderemos de este modo, con modestia pero con determinación, a la conciencia que tenemos sobre nuestro deber e incluso respecto de nuestro derecho a cooperar. Esta conciencia renovada no es ciertamente la misma que existía hace ya cerca de 500 años cuando todo aparecía nuevo e inesperado. Pese a todo, entonces se puso en marcha la historia entrelazada e irrepetible de nuestros países hasta alcanzar lo que son y representan hoy en día en la comunidad universal de los pueblos.

Ahora, sin embargo, se trata de contribuir a la rápida y profunda transformación, ya en marcha, de este mundo en trance de cambio que necesita ser activamente solidario para desterrar la ignorancia, conquistar las más altas cotas del conocimiento, extender los medios de comunicación social y enriquecer su cultura milenaria hasta lograr la utopía posible y necesaria de un mundo nuevo, común a todos, más justo, más pacífico y con mayor bienestar, muy por encima el Viejo y del Nuevo Mundo de otros tiempos.

En el devenir de la historia, los europeos han contribuido a transformar muchas sociedades en todos los continentes, trasegando hombres y elementos culturales. En ese laborioso trajinar, el Descubrimiento fue el hecho más trascendente y el que cambió la personalidad de América. Pero no menos cierto es también que, en ese proceso, otro tanto le ocurrió a España y, desde allá, a Europa entera en una profunda transformación que afectó su alma y modificó su horizonte. Estos son otros tiempos y otros los hombres que habitan el mundo, conscientes todos de sus derechos y de su dignidad y, por lo tanto, hechos para cooperar y para entenderse desde un plano de igualdad.

"Hoy es siempre todavía" al decir de Antonio Machado y por ello, aunque recomencemos ahora, aún podemos contribuir sobradamente a forjar un futuro que supere el ayer desplaciente si decidimos esforzarnos en ello, en una sólida unión sin preeminencias, en un reencuentro de voluntades, lejos de cualquier tentación de un nuevo "descubrimiento".

Decía Einstein que "en momentos de crisis, sólo la imaginación es más importante que el conocimiento y los medios". Pues bien, nosotros creemos en la capacidad imaginativa del hombre y de sus intuiciones. Concretamente, las fundaciones privadas, nacidas de la moderna conciencia empresarial, tratan de contribuir cada vez más al progreso social de su entorno de actuación con proyectos en los que la imaginación creativa es su principal componente. Desde las experiencia de la gestión empresarial y respetuosas de la persona humana y de los gobiernos democráticos, las fundaciones privadas procuran desarrollar una gestión innovadora y eficaz para el enriquecimiento cultural y el cambio social, esencial en el proceso de modernización de cualquier sociedad, convencidas de que no son los gestos dramáticos sino la acción tenaz y selectiva la que, en último análisis, mueve el mundo hacia la superación y progreso.

Con esa convicción y determinación, la Fundación Santillana para Iberoamérica nace, sin pretensiones, con expresión sencilla de la vigorosa voluntad de cooperación de unos hombres y de unas instituciones, de uno y otro lado del Atlántico, para actuar sistemática y seriamente, con un alto sentido de responsabilidad al servicio del bien común en el ámbito cultural que nos es propio. Dentro de los siempre exigentes límites de un presupuesto anual, vamos a programar a partir de ahora, con carácter selectivo, las concretas actuaciones anuales de esta Fundación que deberá centrarse en proyectos propios y no de terceros, aportando la experiencia, la imaginación y el esfuerzo de todos nosotros.

La base sobre la que tenemos que construir estas actuaciones es nuestro patrimonio común, cultural, intelectual y lingüístico potenciado por la educación y difundido y valorado por la comunicación social. Entre las grandes directrices preliminares cabe destacar algunas claras prioridades: así, por ejemplo, profundizar en las posibles bases o políticas de una educación moderna con visión prospectiva, despojada del lastre de las soluciones tradicionales arcaicas. Una educación que dé primacía al cultivo de la lengua, instrumento señero de la comunicación y vehículo cultural unificador, para lo cual Bogotá, con su Instituto Caro y Cuervo y su acendrado amor por la lengua, es el lugar ideal. Una educación moderna, anticipatoria, que ponga énfasis en la enseñanza de la ciencia y de la tecnología, para que con estas inigualables palancas del progreso, hagamos posible que nuestros países logren nuevas cotas competitivas, gracias a algunas de las nuevas tecnologías. Una cultura humanista y científica fomentada por medios de exposiciones, conferencias, bibliotecas, reuniones, etc., que apoyen y potencien el futuro de Iberoamérica desde las bases más sólidas del espíritu, de los valores éticos y morales, de las bellas artes, pero también del saber-hacer relacionado con las industrias culturales y la economía, para lograr una mayor calidad de vida. Unos medios de comunicación sociales al servicio de la libertad y del progreso en las sociedades democráticas, gracias al estudio y fomento de su papel y de los nuevos medios tecnológicos futuros.

Tales son algunos de los aspectos del marco de nuestro desafío en un mundo plagado de problemas, cada vez más complejos, a los que es incapaz de dar respuestas concluyentes. Así lo hemos entendido en España cuando iniciamos la andadura de la Fundación Santillana: hace ahora apenas una década y, pese a las dificultades, ya es mucho lo que hemos recorrido, poco a poco, sin derroche de medios, tenazmente y trabajando a fondo.

La Fundación Santillana para Iberoamérica que ahora comienza sus actividades, ha de dar aún mayores frutos porque tiene en abundancia lo esencial: hombres y mujeres, a los que pronto se irán sumando otros de países de la región, todos con experiencia profesional muy amplia, de competencia probada, con voluntad e imaginación, animados por un liderazgo colombiano excepcional.

Por todo ello espero, con palabras prestadas del bogotano universal José Asunción Silva, que "el porvenir guarde en su seno… un rayo de luz pura" nacido al calor, entre otros, de esta incipiente Fundación Santillana para Iberoamérica.

Ahora, sin embargo, se trata de contribuir a la rápida y profunda transformación, ya en marcha, de este mundo en trance de cambio que necesita ser activamente solidario para desterrar la ignorancia, conquistar las más altas cotas del conocimiento, extender los medios de comunicación social y enriquecer su cultura milenaria hasta lograr la utopía posible y necesaria de un mundo nuevo, común a todos, más justo, más pacífico y con mayor bienestar, muy por encima el Viejo y del Nuevo Mundo de otros tiempos.

En el devenir de la historia, los europeos han contribuido a transformar muchas sociedades en todos los continentes, trasegando hombres y elementos culturales. En ese laborioso trajinar, el Descubrimiento fue el hecho más trascendente y el que cambió la personalidad de América. Pero no menos cierto es también que, en ese proceso, otro tanto le ocurrió a España y, desde allá, a Europa entera en una profunda transformación que afectó su alma y modificó su horizonte. Estos son otros tiempos y otros los hombres que habitan el mundo, conscientes todos de sus derechos y de su dignidad y, por lo tanto, hechos para cooperar y para entenderse desde un plano de igualdad.

"Hoy es siempre todavía" al decir de Antonio Machado y por ello, aunque recomencemos ahora, aún podemos contribuir sobradamente a forjar un futuro que supere el ayer desplaciente si decidimos esforzarnos en ello, en una sólida unión sin preeminencias, en un reencuentro de voluntades, lejos de cualquier tentación de un nuevo "descubrimiento".

Decía Einstein que "en momentos de crisis, sólo la imaginación es más importante que el conocimiento y los medios". Pues bien, nosotros creemos en la capacidad imaginativa del hombre y de sus intuiciones. Concretamente, las fundaciones privadas, nacidas de la moderna conciencia empresarial, tratan de contribuir cada vez más al progreso social de su entorno de actuación con proyectos en los que la imaginación creativa es su principal componente. Desde las experiencia de la gestión empresarial y respetuosas de la persona humana y de los gobiernos democráticos, las fundaciones privadas procuran desarrollar una gestión innovadora y eficaz para el enriquecimiento cultural y el cambio social, esencial en el proceso de modernización de cualquier sociedad, convencidas de que no son los gestos dramáticos sino la acción tenaz y selectiva la que, en último análisis, mueve el mundo hacia la superación y progreso.

Con esa convicción y determinación, la Fundación Santillana para Iberoamérica nace, sin pretensiones, con expresión sencilla de la vigorosa voluntad de cooperación de unos hombres y de unas instituciones, de uno y otro lado del atlántico, para actuar sistemática y seriamente, con un alto sentido de responsabilidad al servicio del bien común en el ámbito cultural que nos es propio. Dentro de los siempre exigentes límites de un presupuesto anual, vamos a programar a partir de ahora, con carácter selectivo, las concretas actuaciones anuales de esta Fundación que deberá centrarse en proyectos propios y no de terceros, aportando la experiencia, la imaginación y los esfuerzos de todos nosotros.

La base sobre la que tenemos que construir estas actuaciones es nuestro patrimonio común, cultural, intelectual y lingüístico potenciado por la educación y difundido y valorado por la comunicación social. Entre las grandes directrices preliminares cabe destacar algunas claras prioridades: así, por ejemplo, profundizar en las posibles bases o políticas de una educación moderna con visión prospectiva, despojada del lastre de las soluciones tradicionales arcaicas. Una educación que dé primacía al cultivo de la lengua, instrumento señero de la comunicación y vehículo cultural unificador, para lo cual Bogotá, con su Instituto Caro y Cuervo y su acendrado amor por la lengua, es el lugar ideal. Una educación moderna, anticipatorio, que ponga énfasis en la enseñanza de la ciencia y de la tecnología, para que con estas inigualables palancas del progreso, hagamos posible que nuestros países logren nuevas cotas competitivas, gracias a algunas de las nuevas tecnologías. Una cultura humanista y científica fomentada por medios de exposiciones, conferencias, bibliotecas, reuniones, etc.; que apoyen y potencien el futuro de Iberoamérica desde las bases más sólidas del espíritu, de los valores éticos y morales, de las bellas artes, pero también del saber-hacer relacionado con las industrias culturales y la economía, para lograr una mayor calidad de vida. Unos medios de comunicación sociales al servicio de la libertad y del progreso en las sociedades democráticas, gracias al estudio y fomento de su papel y de los nuevos medios tecnológicos futuros.

Tales son algunos de los aspectos del marco de nuestro desafío en un mundo plagado de problemas, cada vez más complejos, a los que es incapaz de dar respuestas concluyentes. Así lo hemos entendido en España cuando iniciamos la andadura de la Fundación Santillana: hace ahora apenas una década y , pese a las dificultades, ya es mucho lo que hemos recorrido, poco a poco, sin derroche de medios, tenazmente y trabajando a fondo.

La Fundación Santillana para Iberoamérica que ahora comienza sus actividades, ha de dar aún mayores frutos porque tiene en abundancia lo esencial: hombres y mujeres, a los que pronto se irán sumando otros de países de la región, todos con experiencia profesional muy amplia, de competencia probada, con voluntad e imaginación, animados por un liderazgo colombiano excepcional.

Por todo ello espero, con palabras prestadas del bogotano universal José Asunción Silva, que "el porvenir guarde en su seno… un rayo de luz pura" nacido al calor, entre otros, de esta incipiente Fundación Santillana para Iberoamérica.

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